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Música como terapia.
La medicina propende por prevenir antes que curar, pero nosotros distamos de ese modelo de vida que se anticipa a los eventos. ¿Cuándo fue la última vez que alguno de nosotros se sentó en un sillón solo para cerrar los ojos, respirar profundo, descansar, liberar el estrés, escuchar una pieza musical tranquila y simplemente dejar que su sosiego nos brindara unos minutos de felicidad?. Pues bien, eso que tal vez haya sido experimentado por algunos, no es simplemente el resultado de un gusto de antaño por las melodías, sino que actualmente es un reto de la medicina moderna, documentado y probado con evidencia científica.
Los alcances de la música como terapia, han trascendido fronteras, idiomas, ideologías y hasta especies. Los chinos poseen innumerables álbumes musicales con títulos como: Estreñimiento, Insomnio, Hígado, Corazón, etc.
¿Por qué la música es capaz de curar?
Quizás en alguna oportunidad de nuestras vidas hemos podido sentir cómo una pieza musical nos puede traer un precioso recuerdo de nuestras vidas y hacernos sentir mejor, o tal vez hemos tarareado a nuestros hijos alguna escueta melodía para calmarlos o dormirlos, o aún en nuestros momentos de soledad, de euforia o de depresión, una canción ha sido nuestra cómplice y compañera. Pero lejos de esta apreciación un tanto subjetiva, existe amplia documentación científica y estudios bien elaborados que dan soporte a esta nueva arma dentro del tratamiento de enfermedades. Para entender por qué la música en general puede curar, uno debe comprender el sonido y su efecto sobre la materia física.
Música y respiración.
La respiración es ante todo un proceso rítmico. El patrón general humano es de 25 a 35 respiraciones por minuto (aunque para algunos autores sea menos de 20). Un promedio bajo, profundo y sostenido contribuye a calmar, controlar emociones, estimular el pensamiento y generar un mejor metabolismo del cuerpo. Al contrario, una respiración rápida nos puede llevar a pensamientos dispersos, conductas impulsivas, a cometer errores y sufrir accidentes. Así, música de altos niveles, más de 60 “golpes” por minuto, produce malos efectos, de la misma manera en que una dieta desordenada produce mala salud.
Música y presión arterial.
El corazón humano está particularmente sintonizado con la música, así las pulsaciones responden a todas las variables musicales como: frecuencia, tiempo y volumen. De tal manera que un ritmo rápido hace rápido el palpitar y uno lento lo enlentece. Por ello los ritmos lentos crean menos tensión y estrés, calmando la mente y ayudando al cuerpo a “ayudarse a si mismo”. La música es pues un calmante natural. Pero lo opuesto también es cierto: ritmos fuertes pueden energizarnos y activarnos casi hasta el daño físico.
Música y endorfinas.
Las endorfinas, los sedantes naturales del cerebro, son hoy en día una de las sustancias más estudiadas por la bioquímica moderna.